Joyería de los años 50: glamour, broches y el estilo de posguerra

Tras años de racionamiento, Europa quiso volver a brillar. Descubre cómo el New Look de Dior cambió la joyería, por qué el broche se convirtió en la pieza estrella de la década y cómo reconocer una joya auténtica de los años 50.
Joyería inspirada en los años 50
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Después de la guerra, Europa quiso volver a brillar. Literalmente. Tras años de racionamiento, de vestidos remendados y de joyas guardadas en cajones por si había que venderlas, llegó una década que se lanzó de cabeza a la abundancia. Los años 50 no fueron solo un cambio de moda. Fueron una forma de decir «se acabó» a la escasez.

El «New Look» y su efecto en cadena

En 1947 Christian Dior presentó una silueta que cambiaría la década entera: cintura marcada, falda amplia, hombros suaves. Se llamó el New Look y, aunque nació a finales de los 40, definió toda la estética de los 50. Esa silueta pedía joyas a juego: piezas con volumen, con presencia, capaces de sostener el protagonismo de un escote o de cerrar una chaqueta de punto con carácter.

Ahí es donde el broche recupera su lugar. No como accesorio discreto, sino como pieza central del look. Se llevaba en la solapa, en el pecho, sujetando un pañuelo, incluso en el sombrero. Y muchas mujeres tenían varios: uno para el día, otro para la noche, otro a juego con el conjunto de collar y pendientes, lo que se llamaba un parure.

Bisutería y alta joyería, conviviendo sin complejos

Los 50 son la década en la que la bisutería de calidad deja de ser un sucedáneo y empieza a tener valor propio. Firmas como Trifari, Coro o Boucher trabajaban el metal, el strass y las perlas de cristal con una precisión que hoy sigue sorprendiendo. No pretendían imitar el oro: creaban un lenguaje propio, con acabados brillantes, piedras de color intenso y montajes muy trabajados.

Al mismo tiempo, la joyería fina no desapareció. El citrino, la aguamarina y las perlas cultivadas ganaron protagonismo frente al diamante, que quedaba reservado para ocasiones muy señaladas. Era una joyería pensada para lucirse, no para guardarse.

Los motivos que definieron la década

Si tuviera que resumir el vocabulario visual de los años 50 en unas pocas formas, serían estas:

  • Flores y lazos: composiciones florales tridimensionales, ramilletes, lazos rematados en piedra.
  • Volumen escultórico: broches gruesos, con relieve, casi arquitectónicos.
  • Los primeros guiños al espacio: hacia el final de la década empiezan a aparecer formas de estrella y composiciones radiales, anticipo de la estética atómica que explotaría en los 60.
  • Perlas, muchas perlas: collares de varias vueltas, pendientes tipo botón, broches con racimos de perlas de cristal.

Cómo reconocer una pieza auténtica de los años 50

Aquí es donde conviene ser honesta, porque no siempre es sencillo. Algunas pistas que sí ayudan:

  • El cierre: en los broches de la época es habitual encontrar el cierre de tipo «trombón» o el cierre en C sin seguro, muy distinto a los cierres de bola con pestillo que se generalizarían después.
  • El reverso: las piezas de calidad de los 50 solían tener el metal trabajado también por detrás, con cierta filigrana, no una plancha lisa.
  • Las marcas: si hay sello de fabricante, suele estar grabado, no estampado en relieve exagerado. Marcas parcialmente borradas por el uso son buena señal de autenticidad, no un defecto a ocultar.
  • El peso: muchas piezas de bisutería fina de la época pesan más de lo que se esperaría hoy de una pieza de fantasía. Los metales eran más gruesos.

Y si algo no se puede confirmar al cien por cien —y en piezas de setenta años a veces es imposible— prefiero decirlo así, «posiblemente de los años 50» o «característico del período», antes que afirmar algo que no puedo garantizar.

Por qué esta década sigue enamorando

Creo que la joyería de los 50 conecta con algo muy actual: la idea de que una pieza puede ser la protagonista del look, no un complemento discreto. Un broche de esta época en la solapa de un abrigo de hoy no necesita contexto. Funciona igual de bien que entonces, y eso es lo que lo convierte en algo que merece la pena buscar y conservar.

Esta entrada abre una pequeña trilogía sobre la evolución de la joyería en el siglo XX: seguirá con los años 60 y cerrará con los años 40, para completar el recorrido desde la guerra hasta la explosión pop.

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