Si los años 50 fueron brillo y abundancia, los 60 fueron otra cosa: jóvenes, rápidos y con ganas de romper normas. La joya dejó de ser, para mucha gente, algo que se heredaba o se compraba una vez en la vida. Pasó a ser algo que se llevaba porque sí, porque combinaba con el vestido, porque era divertido.
Me gusta esta década porque se nota que quien diseñaba se lo estaba pasando bien. Y eso, cuando coges la pieza en la mano, se nota.
Una década que miraba al futuro
El contexto ayuda a entender las joyas. En 1961 Gagarin salió al espacio y en 1969 el ser humano pisó la Luna. Esa fascinación se coló en la moda: Courrèges presentó en 1964 una colección de líneas muy limpias y aire espacial, y la minifalda, que Mary Quant ayudó a popularizar, cambió la silueta. Si el vestido era corto y geométrico, la joya tenía que estar a la altura.
Paco Rabanne, nacido en el País Vasco y establecido en París, llevó la idea al extremo. En 1966 presentó vestidos hechos con discos de plástico y metal unidos con anillas, y trabajó también joyas con esos materiales. No eran piezas para guardar en un cajón. Eran piezas para llevar y que se vieran.
Op Art: cuando la joya engaña al ojo
En 1965 el MoMA de Nueva York inauguró «The Responsive Eye», una exposición dedicada al arte óptico. Las rayas, los círculos concéntricos y los contrastes de blanco y negro pasaron del cuadro al estampado y de ahí a la bisutería. Verás broches, pendientes y brazaletes con motivos que parecen vibrar: bandas negras y blancas, espirales, cuadrículas.
Materiales: plástico, esmalte y metal dorado
Los 60 abrieron la puerta de la joyería al plástico sin complejos. Acrílicos, resinas y otros materiales sintéticos, en colores que hoy llamaríamos vivos: naranja, turquesa, rosa, blanco roto. Convivieron con el esmalte, con los metales de baño dorado en acabado mate o satinado y con las cadenas de eslabones grandes.
La bisutería de firma tuvo un momento enorme. Es habitual encontrar piezas marcadas por casas como Trifari, Monet o Napier, aunque muchas otras, igual de buenas, no llevan ninguna marca. Que una pieza no tenga firma no la hace falsa ni de menos valor. Solo significa que hay que mirarla con más atención.
A finales de la década llegó el espíritu flower power: flores esmaltadas, margaritas, motivos naturales en colores planos. Si te gustan, los encontrarás sobre todo en broches y colgantes.
Las piezas que mejor la representan
- Pendientes de clip, grandes y geométricos. Redondos, en forma de flor o de gota. El clip era muy habitual en esos años.
- Collares largos de cuentas o cadenas gruesas, para llevar sobre jerséis de punto o vestidos rectos.
- Brazaletes anchos de plástico, a menudo lisos, a veces con incrustaciones o motivos pintados.
- Anillos grandes de cristal o resina, pensados para llamar la atención.
- Broches de flores esmaltadas, para solapas y fulares.
Cómo reconocer una pieza de los 60
No hay una prueba única, pero sí varias pistas que, juntas, cuentan una historia.
- Los colores. Naranjas, turquesas, rosas y verdes planos, sin degradados.
- El peso. Los plásticos y las resinas pesan poco, aunque la pieza sea grande. Un brazalete enorme que apenas se nota en la mano suele ser buena señal.
- El cierre. Clips, tornillos y cierres sencillos. Un cierre muy moderno puede indicar que la pieza es posterior o que se ha cambiado.
- El desgaste. Esmalte con pequeñas pérdidas en los bordes, baño dorado gastado en las zonas de roce, plástico con microfisuras o algo amarilleado. Son señales normales en una pieza con más de medio siglo.
Yo no puedo fechar una pieza con total certeza si no lleva marca. Cuando dudo entre dos décadas, lo digo en la ficha. Prefiero eso a prometerte algo que no sé.
Cómo llevarlas hoy
Funcionan mejor cuando son la única protagonista. Un par de pendientes grandes con el pelo recogido, o un collar largo de cuentas sobre un jersey liso, dicen más que cinco piezas a la vez. Con ropa de colores neutros, el color de la joya se convierte en el centro del look.
Cuidados básicos
El plástico y la resina no llevan bien el calor ni el sol directo. Límpialos con un paño suave ligeramente húmedo y sécalos enseguida. El esmalte no debe sumergirse en agua, y conviene guardar cada pieza por separado para que no se rayen entre ellas. Tienes más consejos en esta guía de cuidados.
Seguimos por décadas
Esta es la segunda entrega de un recorrido por el siglo XX. Antes hablé de la joyería de los años 50 y más adelante llegarán los años 40. Si quieres seguir avanzando en el tiempo, la bisutería de los años 70 es la siguiente parada, y si te interesa saber de dónde venía el plástico en la joyería, mira lo que cuento sobre las joyas de baquelita.
Y si te apetece algo con aire de la época, echa un vistazo a los pendientes y los collares de la tienda. Cada pieza es única.
Contenido redactado con asistencia de inteligencia artificial y revisado por IsAntiek.











